Dudar de la propia percepción y de los recuerdos, sentir inseguridad, tener baja autoestima, cerrarse en sí misma y tener dudas de sí misma: estas son las fases por las que suele atravesar una víctima de gaslighting o, su equivalente en castellano, luz de gas.
Se puede definir como la manipulación de una persona a otra para que esta dude de sus percepciones, experiencias o comprensión de los acontecimientos, según los expertos.
En la relación entre víctima y gaslighter, “se produce un proceso lento y sutil de confusión por parte de la víctima, que cuestiona cada una de sus experiencias y recuerdos y, en contra, da más valor y prioridad al criterio ajeno”. La luz de gas es un sutil modo de violencia psicológica, “una agresión más intencionada y consciente que inconsciente, que atenta contra la estabilidad emocional de la víctima”, añade Cabero.
La persona agredida termina por disculparse con frecuencia, se culpa por no encajar (algo que necesita) y se esfuerza por ser bien valorada. Incluso “llega a silenciar las propias experiencias para no sentirse juzgada de nuevo, y le es difícil relacionarse con los demás y tomar decisiones”.


