Nos suele resultar difícil soltar el control de algunas situaciones. Pues muchas veces, tras ella, está el miedo.
¿Y de qué puedes tener miedo, bonita? Quizás de que las cosas no salgan como las has planeado. De que exista alguna piedra que ponga a prueba los planes que estás construyendo.
Nos gusta tener todo controlado porque si algo se sale del guión de nuestras expectativas, empezamos a temblar, a dudar y nos sentimos perdidos.
Tenerlo todo bajo control no nos garantiza que las cosas vayan a suceder tal y como las imaginamos.
Tampoco que vayamos a tener un gran éxito en el logro de esas metas que nos hemos impuesto.
Por eso, soltar el control es importante para aprender a aceptar las cosas tal y como vengan.
Para no caer en la terrible trampa de las expectativas y sumirnos en ilusiones que se quedarán tan solo en eso.
A veces, nos implicamos demasiado en relaciones, trabajo o en otros aspectos de nuestra vida dándolo todo, esforzándonos demasiado.
Amar a una persona, implica aceptar su naturaleza y dejarla ser. En el momento en el que queremos retenerla, poseerla, cambiarla, hacerla nuestra y que se adapte a nosotros, entonces nos enfadamos, porque nada es como pensábamos.
A veces, ayudamos a los demás creyendo que les hacemos un favor. Cuando, ciertamente, el verdadero favor es dejarles que se enfrenten a sus problemas solos. Que se empoderen haciéndoles frente, porque, de lo contrario, los limitaremos y se marchitarán.
Nos han enseñado desde pequeños que amar es posesión, control, ansiedad, estrés, preocupación… Nos hemos vuelto personas controladoras, que solo ponen el foco en una persona o en un trabajo.
No existe nada más después de eso. Hacemos de eso nuestra vida, hasta el punto de que nuestra existencia empieza a depender del valor que le hemos dado a esa posesión de la que nos hemos apropiado.
La realidad es que en el mundo externo no podemos controlar nada. En nosotras mismas, todo.
Esta realidad nos hace libres y nos permite encontrar la paz.
Responsabilízate de ti misma. La buena noticia es que sí te puedes controlar a ti misma, por lo tanto, empieza desde ya a hacerlo.
Observa la realidad desde diferentes perspectivas.


